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El presidente Donald Trump condenó este lunes la violencia de grupos supremacistas blancos durante una protesta el fin de semana en Charlottesville, Virginia. Lo hizo dos días después de los hechos y tras fuertes críticas de demócratas y republicanos por lo tibia de sus palabras en su primera reacción del sábado.

“El racismo es el mal. Y aquellos que causan violencia en su nombre son criminales y matones, dijo el presidente en un discurso de menos de cinco minutos en el que mencionó específicamente a los supremacistas blancos, a neonazis y a los miembros del Ku Klux Klan, a quienes además catalogó como “repugnantes”.

“Condenamos en la forma más fuerte estos actos de odio y violencia. No tienen lugar en Estados Unidos. No importa el color de la piel, respondemos a las mismas leyes (…) Debemos amarnos, mostrarnos afecto”, agregó en un discurso en el que arrancó hablando de sus supuestos logros económicos.

Este sábado, una protesta convocada por grupos supremacistas en la ciudad universitaria de Charlottesville, en Virginia, terminó en violencia. Los nacionalistas y sus opositores llegaron a los golpes y luego, un hombre en su Dodge Challenge arrolló a un grupo de personas. El resultado: tres muertos y al menos 35 heridos.

Tras los hechos, el gobernador del estado, el demócrata Terry McAuliffe, rechazó tajantemente el comportamiento violento de los supremacistas y les dijo: “Váyanse a casa, no son bienvenidos en este territorio. Son una vergüenza (…) Ustedes pretenden ser patriotas, pero son todo menos eso (…) Nuestra diversidad es lo que nos hace especiales y no dejaremos que venga nadie a destruirla”.

Y cuando todos esperaban una fuerte condena de Trump ese sábado, el mandatario solo criticó la “violecia que se da desde muchos lados” sin mencionar específicamente a los grupos supremacistas, del KKK y neonazis que estuvieron presentes en la manifestación. Desde entonces, una retahíla de críticas se escucharon. Senadores, congresistas, organizaciones y políticos de todas las facciones le recriminaron el no rechazar el racismo en Estados Unidos.

El fiscal de Virginia, Mark Herring, le respondió que la violencia que se vivió en Charlottesville era culpa de los “racistas y supremacistas blancos”. Su exrival en la contienda presidencial, la demócrata Hillary Clinton, aseguró que “cada minuto que permitimos que esto persista a través del estímulo tácito o la inacción es una desgracia”. Y la congresista republicana Ileana Ros-Lehtinen aseguró que los “supremacistas blancos, los neonazis y los antisemitas son la antitésis de nuestros valores” e insistió en que “no hay otros lados al odio y al fanatismo”.

Más tarde, el senador republicano de origen cubano Marco Rubio reiteró la importancia de que el mandatario llamara a lo ocurrido por su nombre: “ataques de supremacistas blancos”, escribió.

Desde que peleaba por llegar a la presidencia, Trump ha estado en medio de polémicas por evitar distanciarse de personalidades de la supremacía blanca, entre ellos con el exlíder del Ku Klux Klan David Durke. Luego, con la incorporación en su equipo de campaña y la posterior designación como jefe estratega de la Casa Blanca de Steve Bannon, quien estaba al frente de la web supremacista Breitbart.

Por eso cuando Ivanka Trump rechazó este domingo el racismo, el neonazismo y el supremacismo blanco, los internautas le recriminaban que una condena así de específica a lo ocurrido debía provenir de su padre y no de ella.