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YABUCOA, Puerto Rico. “Nos urge un helicóptero para restablecer un puerto por donde llega el combustible, oxígeno para los pacientes que no tienen electricidad, insulina…” Ha pasado una semana del embate de María y Yabucoa, el pueblo sureño por donde el huracán inició su devastador trayecto por Puerto Rico, suplica una ayuda que le permita comenzar la que será una larga recuperación. Pero no llega.

Bajo un calor abrasador, decenas esperaban este miércoles en filas prácticamente inmóviles para comprar la poca gasolina y diésel que quedan almacenados en el municipio. Una emergencia inédita amenaza con llegar si no aparece un helicóptero que les ayude a restablecer el funcionamiento de una de las torres que dirige las barcazas con combustibles, que hasta el azote del ciclón llegaban al puerto de Yabucoa.

“Tenemos una pronta a llegar, pero necesitamos la ayuda de un helicóptero que pueda mover una de las torres que se cayó”, dijo a Univision Noticias Luis Vega, ayudante del alcalde Rafael Surillo. Es algo que no se puede hacer por tierra y el pueblo no cuenta con uno.

Los cerros marrones que separan la montaña del valle de Yabucoa evidencian la ferocidad con la que los vientos de María destruyeron la vegetación. Ahora se pueden observar a simple vista las casas empotradas en lo alto y que antes estaban cubiertas por árboles inmensos.

Un calor que quema se siente en todo el pueblo. La gente intenta regresar a la normalidad, pero la maleza y escombros apilados a los costados de las vías que fueron abiertas por el equipo de manejo de emergencias recuerdan en todo momento que pasará tiempo para que eso suceda. En los campos no queda ninguna vivienda de madera en pie, mientras en su casco principal infraestructura clave está hecha añicos.

“Hay mucha histeria en la gente y están como perdidos, están desorientados”, dijo Yesenia Feliciano mientras esperaba por un medicamente en la sala de espera improvisada frente a una farmacia en el centro del pueblo. “Hay muchas personas que no pueden llegar hasta el pueblo porque no tienen el modo de poder bajar de sus hogares. No tienen comunicación, envejecientes que no tienen agua ni comida, tampoco transportación para poder moverse de un lugar a otro, personas que perdieron sus residencias cómo van a solicitar ayuda si no pueden moverse”, prosigue enumerando el viacrucis en el que se ha convertido la vida en la isla tras el embate de María.

“Es difícil”, dice al quedarse sin palabras que puedan ilustrar la desesperación que se siente en el municipio que primero sintió el impacto de María.

El equipo de manejo de emergencias de Yabucoa salió a las calles tan pronto cesaron las ráfagas más fuertes del ciclón, pudo constatar Univision Noticias, que pasó con ellos la madrugada y mañana en las que el ciclón asoló al pueblo. Sin embargo, el director de ese equipo reconoce que la magnitud del golpe ha sido tan devastadora que las autoridades municipales no se dan a basto.

“Fue uno de los pueblos más destruidos (…) hemos hecho lo humanamente posible por trabajar por nuestros compueblanos. Hemos abierto todas las brechas habidas, nuestro caminos rurales”, dijo desde el hospital municipal, una de las estructuras vitales que resultó afectada por María.

“Le pedimos a las familias que tengan paciencia. Los suministros ya van a llegar, ya hay un poco de comunicación”, dijo tratando de tranquilizar a los residentes de este pueblo que queda a una hora de la capital en auto.

Algunos han optado por quedarse en casa y salir solo para lo necesario pues hay que hacer filas para lo que antes se resolvía en minutos: la fila de la gasolinera, buscar efectivo en el banco, compras víveres en el supermercado…

Y, a pesar de los lamentos, una frase se repite una y otra vez por las calles del pueblo: “Estamos con vida”.