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SAN JUAN, Puerto Rico.- Ya pasó un mes desde que el poderoso huracán María destrozó gran parte de la isla, pero muchos de sus estragos siguen aquí: las calles siguen sin luz, los semáforos todavía no sirven, las colas permanecen kilométricas en las autopistas, y merodea la escasez de comida caliente, de agua potable, de servicios médicos.

Para millones de boricuas se trata de un nuevo modo de existencia, o lo que en la calle catalogan como la vida después de María. Las cifras oficiales hablan por sí mismas: 80% de la población vive sin servicio eléctrico; cerca del 40% sigue sin poder comunicarse por teléfono y aún a un 30% le es imposible abrir el grifo para beber.

Algunos ya se van acostumbrando a vivir sin los servicios básicos, sin la televisión, el wi-fi o las lavadoras.

Y esos son los dichosos.

En el llamado Campamento de los Olvidados, en el municipio de Utuado, algunos hacen lo imposible por llevarle comida a sus familiares, que quedaron aislados luego de que colapsara el puente en el sector Río Abajo. Incluso FEMA usó un helicóptero para llevar alivio allí recientemente.

“Utuado es uno de los pueblos más afectados de la isla, si no el más afectado”, lamentó Samuel de Jesús, uno de los organizadores del campamento, a 30 días de la tormenta. “Aquí hubo mucho derrumbe y realmente está bien destruido. Hay áreas donde todavía no hay acceso y es bien difícil la situación”. Y esta no es la única zona de la isla que vive una situación precaria por el embate de María.

De hecho, Ricardo Rosselló, gobernador de Puerto Rico, evaluó dos semanas después del paso del cicló que la destrucción causada por María ascendía a cerca de 90,000 millones de dólares, una cifra que da idea de la devastación que sufrió la isla.

Y es que algunos boricuas lo perdieron todo. Unas 250,000 familias se quedaron sin techo, según estimó esta semana el gobierno. Uno de esos hogares es el de Nancy y Domingo, en el municipio de Loíza. Ellos duermen en una cama cubierta con un toldo azul, provisto por FEMA, entre cubetas y cajas llenas de las pocas pertenencias que sobrevivieron.

A un mes de la catástrofe, el gobierno insiste en que solo ha identificado a 48 personas que fallecieron a causa del huracán María.

“Yo honestamente pienso que esa cifra es una subestimación ridícula de la realidad de este desastre”, afirmó el senador y médico José ‘Chaco’ Vargas Vidot en entrevista con Univision Noticias. “Y eso pasa porque, mediáticamente, los gobiernos y los políticos piensan que la cantidad de muertes es igual a ineficiencia gubernamental. Pero la muerte es fortuita y azarosa. La muerte viene porque los huracanes de 186 mph y 220 mph de ráfagas causan muertes, y de eso no tiene la culpa ningún gobierno. Así que, ¿por qué taparlo? ¿Por qué no hablar las cosas tal y como son?”.

Al doctor Vargas Vidot aún le preocupan las epidemias que puedan surgir en los próximos meses. También criticó que decenas de hospitales cerraran temporalmente tras la tormenta.

“No veo que pueda probarse que los grandes hospitales estaban preparados para una realidad que es endémica a una isla tropical. Es decir, los huracanes no son una casualidad. Los huracanes son una realidad de junio a noviembre”, apuntó.

Una de las nuevas amenazas es la leptospirosis, una enfermedad que se contagia a través del contacto con la orina de ratas y otros animales.

La epidemióloga Carmen Deseda anunció esta semana que al menos 74 personas han mostrado síntomas de la enfermedad, que puede ser mortal. El peligro para muchos es beber agua de manantiales, algo que en las montañas de la isla ha sido esencial para sobrevivir.

“Hay personas que están tomando agua de algunos cuerpos de agua bajo la idea de que, como son aguas que se producen de forma natural y no contienen químicos, se trata de agua segura para la ciudadanía, cuando no lo es”, afirmó esta semana secretaria del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales, Tania Vázquez Rivera.

Vázquez Rivera agregó: “En estos momentos, no debemos entrar ni tomar agua de ningún cuerpo de agua, a menos que la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados certifique que, en efecto, es segura para su utilización”.

Por su parte el gobierno de la isla hace lo posible por pedir ayuda federal. “Reconocemos que se ha hecho mucho, pero todavía queda mucho por hacer”, le ripostó este jueves el gobernador al presidente Donald Trump en la Casa Blanca, luego de que Trump asegurara que Estados Unidos ha hecho “un gran trabajo” en levantar a la isla.

Por ahora, los puertorriqueños siguen contando con la ayuda de los aproximadamente 15,000 militares y personal de agencias federales que luchan por recuperar la normalidad.

Mientras tanto, los boricuas dentro y fuera del país aún trabajan con urgencia para distribuir ayuda, sabiendo que a un mes del huracán casi 4,400 personas siguen viviendo en refugios.

Agua. Comidas enlatadas. Galletas.

El alivio llega con los productos más básicos, pero también con nuevos lujos: radios de batería para escuchar las noticias, abanicos portátiles para refrescar y tablas para lavar la ropa a mano.

Con los recursos que existen, el gobierno hace lo que puede.

Las escuelas y las universidades regresarán a clases la semana que viene, incluso cuando al menos 100 de las escuelas todavía se utilizan como refugios y centros de acopio para las personas más afectadas. Los estudiantes solo tendrán clases desde las 8 de la mañana hasta el mediodía, y no todas las escuelas estarán listas para retomar el semestre.

“La idea es que, en la medida en que se pueda ir abriendo escuelas, podamos mover estudiantes de una escuela que no pueda abrir a una escuela que esté abierta”, aseguró la secretaria de Educación, Julia Keleher, en una entrevista con Univision Noticias.

Ante la frustración de vivir sin luz ni agua, miles han salido del país, muchos sin saber si la mudanza será temporal o permanente.

Entre 2017 y 2019, Puerto Rico perderá más de 470,000 residentes, según pronostica un estudio del Centro de Estudios Puertorriqueños del Hunter College de Nueva York, que analizó los datos censales del American Community Survey para hacer sus proyecciones.

Esto significa que tras María, entre 114,000 y 213,000 puertorriqueños saldrán de la isla camino a Estados Unidos continental, sobre todo camino a Florida.

Y quienes se quedan se van adaptando a una nueva realidad. “La papeleta se ha virado en Puerto Rico”, dijo Kamil Rivera, quien trabaja organizando bodas y eventos en el hotel El Conquistador en el municipio de Fajardo.

“Los plomeros, las personas que hacen construcción, los desarrolladores: todos ellos ahora tienen trabajo y a lo mejor no dan abasto. Y nosotros no”, agregó.

Para el barbero Firus Cuts (nombre de pila: José Muñoz), la falta de luz no ha sido suficiente para dejar caer su negocio. En la acera frente a la barbería, debajo de una carpa, lo encontramos recortando pelo junto a sus empleados, mientras la música del rapero Bad Bunny retumbaba en un carro estacionado.

“Mucha gente nueva pasando por ahí. Esto fue una buena promoción aquí, recortando aquí afuera”, dijo con una sonrisa.

Similarmente, en Santurce, Abner Roldán lleva dos semanas vendiendo café en la acera frente a su negocio Café Comunión, que pensaba abrir a mediados de octubre.

Al principio no estaba seguro de que sería una buena idea, pero funcionó: “La respuesta fue que vendí el café en una hora y pico el primer día. La gente me decía, ‘¡Trae avena, trae mayorca!'”.

Así, poco a poco, Puerto Rico se levanta. Es la frase que más se escucha en la isla, en los anuncios, en la radio, en las redes sociales. Es el nuevo mantra omnipresente: Puerto Rico se levanta.