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NOGALES, México. – Cientos de inmigrantes deportados llegan diariamente al Centro de Atención al Migrante Deportado de la Iniciativa Fronteriza Kino (KBI), ubicado a pocos metros del puerto fronterizo Mariposa, en Nogales, Sonora, que se ha convertido en un oasis en medio de su jornada migratoria.

Los migrantes ingresan en grupos de 15 o 20, en su mano llevan la bolsa plástica con sus pertenencias que les entregan las autoridades migratorias. Algunos fueron deportados tras ser detenidos cruzando la frontera sin documentos, otros fueron repatriados después de cumplir su sentencia.

“A mí me habían deportado hace 10 años y decidí regresar, crucé ayer y me deportaron hoy. Creo que lo hicieron rápido porque soy diabético y necesitaba mis medicamentos”, dijo a Univision Noticias Ramón Francisco, un inmigrante oaxaqueño.

Francisco reconoció la labor que realiza esta organización binacional que los recibe para aliviar la tristeza que sienten al tener que regresar, muchas veces con las manos vacías.

“Es una buena ayuda para todos los inmigrantes que venimos deportados, venimos de varios estados, de varias partes de México y de mi parte no tengo amigos ni conocidos ni nadie aquí”, agrega este oaxaqueño.

Una de las hermanas misioneras que ayudan en el albergue se presenta: “Somos una organización católica, les vamos hacer unas presentaciones y les serviremos la comida”. Durante el encuentro les explica que pueden hacer llamadas gratuitas a su familia y que al finalizar la comida les entregarán una camiseta y artículos de aseo.

Este día se encuentra de visita el padre Sean Carroll, director ejecutivo de KBI, quien ofrece una oración y bendice los alimentos, posteriormente un grupo de voluntarios sirve los alimentos.

Es conocido como ‘el comedor de los deportados’ y desde hace nueve años atiende las necesidades de los migrantes que son rechazados en la frontera y las leyes migratorias de Estados Unidos.

“Los migrantes nos enseñan mucho ante tanta desesperanza, tanto dolor, tanta dificultad y tanta injusticia”, reconoció el padre Carroll. “Me han enseñado mucho sobre lo que quiere decir perseverar con una misión”. La de ellos es tener una vida digna para sus familias.

Según el sacerdote, esta es una manera de sensibilizar a muchas personas para que conozca mejor “la realidad que viven los migrantes en la frontera y hacerla más humana”.

Del 1 de enero al 30 de septiembre sirvieron 28,477 platos de comida. Aunque el arresto de inmigrantes por Arizona tuvo un descenso drástico en los primeros meses del año y esto se reflejó en el comedor, los voluntarios dijeron que el número de deportados se ha incrementado en las últimas semanas y se puede constatar en el comedor deonde están sirviendo un promedio de 70 comidas por día.

“Estamos viendo más personas deportadas que han vivido por años en Estados Unidos”, comentó Carroll.

Uno de ellos que llegó deportado a Nogales, Sonora, hacía tres días, dijo que ha vivido en Estados Unidos por más de 20 años y allá quedó toda su familia.

“Yo no tengo ninguna felonía, no tengo cargos criminales, caí en la cárcel por dos noches y me deportaron”, mencionó el inmigrante mexicano que prefirió no dar su nombre. “Pienso regresarme, pero por California porque por allá las leyes son más razonables para uno que nada más quiere ir a trabajar y reunirse con la familia”.

En medio de esa tristeza de ver como sus ilusiones por un mejor futuro de desvanecen, varios expresaron su intención de iniciar una nueva vida en su tierra y expresaron la tranquilidad que les genera llegar a este lugar donde los ayudan sin nisiquiera conocerlos.

“Es un alivio encontrar gente así que te apoye, los inmigrantes venimos sin dinero, no tenemos donde llegar, no conocemos acá, llegamos con miedo de la delincuencia. Estoy contento de llegar a un lugar como este donde nos ofrecen comida”, dijo Pedro García, quien residió por 14 años en Phoenix, Arizona, con su esposa y su hija ciudadana estadounidense.

Su vida cambió de repente tras ser detenido por las autoridades migratorias, quienes hicieron efectiva una orden de deportación previa por haber cruzado la frontera sin documentos hace más de una década. García tiene planeado establecerse en México con su familia porque tiene claro que para él ”no vale la pena regresar”.

En el comedor, voluntarios completan unas encuestas en las que les preguntan sobre su experiencia en el cruce fronterizo, el tiempo que estuvieron detenidos y si es que sufrieron algun tipo de abuso.

“Entre las quejas escuchamos que siguen los abusos de la Patrulla Fronteriza, sea verbal, físico o falta de acceso a la atención médica cuando se encuentran en los centros de detención”, aseguró el padre.

Mencionó que en julio publicaron dos informes en colaboración con la Conferencia Jesuita sobre los abusos por parte de la Patrulla Fronteriza y la repatriación de familias por garitas diferentes. También publicaron un informe en México en cooperación con la congregación de Unitarianos de Estados Unidos sobre el abuso de migrantes por la policía mexicana.

A finales del año pasado y principios de este, comenzaron a escuchar historias de migrantes que llegaban a la frontera huyendo de la violencia en sus países y que no contaban con asesoría legal para conocer sus derechos y saber si tenían la posibiliadad de solicitar asilo.

“Ayudamos a varias personas para que tuvieran ese acceso, por lo menos a la entrevista de miedo creíble”, dijo. El padre recordó que muchos inmigrantes desconocen que pueden solicitar asilo a través de la garita y enfatizó que de hecho es mejor hacerlo de esa manera.

Es por eso que debido a esta falta de conocimiento e información en el tema migratorio de quienes vienen huyendo de la violencia llegaron a un acuerdo con Florence Refugee Rights Project el pasado mes de agosto.

“Tenemos acceso a una abogada que no solo representa a los migrantes en detención en sus primeros pasos, sino que va dos veces al mes al comedor para entrevistar a los migrantes y ver las posibilidades que tienen para solicitar asilo”, acotó Carroll.

Además del comedor, KBI administra un albergue para mujeres y niños, trabajan en educación recibiendo alrededor de 66 grupos de estudiantes al año con el fin de que tengan una experiencia de servicio, diálogo y reflexión. Posteriormente, dan seguimiento a esas experiencias.

¿Quién es el padre Sean Carroll?

El padre Sean Carroll nació en Boston, Massachusetts, pero fue criado en Los Ángeles, California, en la universidad ingresó a la congregación de los jesuitas. Trabajando con ellos le surgió el interés de trabajar con migrantes.

“Trabajé en dos parroquias en California y me puse en contacto con jesuitas en México para ver la posibilidad de crear lo que hoy es la Iniciativa Fronteriza Kino”, recordó Carroll.

Carroll y el reverendo Peter Neeley, ambos pertenecientes a la Sociedad de Jesús de la Provincia de California, fueron asignados en ese momento a este ministerio en Arizona, que es apoyado por una coalición de órdenes religiosas, grupos de servicio social y diócesis católicas.

El nombre de la organización surgió en honor al padre jesuita Eusebio Francisco Kino quien predicó la fé católica en el sur de Arizona en el Siglo XVII.

Avances y proyectos

La organización se ha fortalecido este año ante las políticas antiinmigrantes de la administración Trump. Próximamente tienen planeado comprar un local en Nogales, Sonora, remodelarlo y tener un espacio más grande para ofrecer sus servicios.

Además, ampliaron el número de voluntarios para que escriban cartas y visiten a los inmigrantes detenidos en Arizona dos veces al mes.